domingo, 30 de junio de 2013

Velocidad

Me inunda el susurro de mi respiración. No logro escuchar nada más. Inspiro el aire sonoramente y lo vuelvo a soltar, lo mismo una y otra vez. Mientras, noto palpitar el corazón en mi pecho, como si deseara escaparse de la jaula que lo mantiene cautivo, queriendo llegar antes que mi cuerpo.
Me siento flotar, cada poro de mi cuerpo ansía llenarse de libertad. Solo necesito seguir corriendo, más y más rápido, seguir corriendo y fundirme con la velocidad. ¿Hacia dónde me dirijo? Ni yo mismo lo sé, solo quiero exponer al máximo a mi cuerpo, es mi principal necesidad. Es como si mi voz callada gritara en silencio, como si mi aliento quisiese envolverlo todo, ocupar cada rincón.
Mil imágenes fugaces cruzan mi mirada. Rostros desechos en niebla y paredes que nunca acaban.
Llueve a mi alrededor, mas no me importa mojarme. Cada lágrima del cielo roba una parte de mi y me purifica, libera mi energía para poder seguir corriendo.
Ya no dirijo mi cuerpo, es él el que me dirige a mi. No distingo ya suelo y cielo, todo fluye sin más. Salto charcos y esquivo sombras, es lo único que realizo de forma consciente.
Es entonces cuando lo vuelvo a escuchar. Aquella voz perdida en mi interior, un grito desgarrador, y mis ojos vuelven a llorar.

Sentimientos pasajeros

Otra vez me siento flotar, 
crepitar rozando el cielo. 
Sonrisas que se cuelan en mi rostro 
y suspiros gozosos de anhelo.
Mas solo fue un suspiro, 
un corazón a medio latir,
 un susurro en la lejanía 
y una sonrisa sin construir.

...

Querer llorarle al cielo,
calmarme en tu regazo,
sentir y apaciguar el miedo
de no besar tus labios.

Sangre y turbio lamento.
Oscuro resentimiento.
Despertarte malherido,
ser lo que has cometido.

sábado, 20 de abril de 2013

El ángel de la muerte

Antes comentar que el relato que a continuación expongo lo escribí para un amigo el día de su cumpleaños.

El ángel de la muere

Un escalofrío recorre mi cuerpo y abro los ojos. Otra me he quedado dormida en clase. Sin embargo, algo hay en el ambiente que no lo siento como siempre. Todo está en silencio y voy posando mi mirada en toda persona que hay a mi alrededor. ¿Por qué están tan quietos? Ni si quiera la profesora se mueve.
Solo un rostro se gira para mirarme, pero algo en él ha cambiado. Ese cabello desgreñado, esa mirada de chico inteligente y esos labios desgastados solo pueden pertenecerle a él. Ese chico que no sale de mi mente solo puede ser Mario. He oído que hoy era su cumpleaños, más pronunciar palabra alguna en su presencia no he podido. Y ahora que por fin me mira su rostro es melancólico. Descubro que es lo que no encajaba, va vestido con un elegante traje negro y yo juraría que antes no lo llevaba puesto.
De repente siento una mano en el hombro y me sobresalto. Cuando me giro a mirar mi asombro es mayor. Otro chico de mi clase me sonríe con ternura mientras me mira con tristeza. Es Dani, el amigo de Mario, pero este vestido todo de blanco. Cada vez entiendo menos. Me quedo pensativa y me doy cuenta de que lo estoy viendo todo desde una perspectiva a mayor altura de la normal. Es entonces cuando el miedo recorre cada punto de mi ser y decido mirar hacia abajo. Me da un vuelco al corazón. Lo que aquí observo es la más horrible de las imágenes. Sobre la mesa yace mi cuerpo, tendido sin aliento. Las lágrimas intentan brotar de golpe y comienzan a deslizarse por mi rostro. Esto no puede estar pasando.
Mario se me acerca despacio y me tiende la mano.
-Ve -oigo susurrar sobre mi oído-. Él cuidará de ti ahora.
Y estas palabras, aunque me entristecen, rasgan una leve sonrisa en mi boca. Aun estando muerta, la presencia de Mario me pone nerviosa. De este modo solo consigo verme como una idiota cuando le estrecho la mano.
Me siento en paz, su tacto me reconforta y solo consigo sonreír, porque aun habiendo vivido vacía, ahora me marcho plena.
-No tengas miedo, voy a permanecer a tu lado en todo momento -su voz sonaba casi melodiosa.
Me dejo guiar por él mientras me sonríe. ¿Alguna vez se habrá dado cuenta de lo que siento? No lo creo.
Sin darme cuenta me acerca a la intensa luz que brota al final de la estancia. Tentáculos luminosos y ondulaciones doradas que intentan abarcarlo todo. ¡Es tan hermosa!
Dejo que la luz me cubra, que me envuelva su abrazo. No paro de llorar mientras sonrío. Ahora que estoy tan cerca de él y es mi último momento.
-Lo siento -le resbalaban las palabras.
-No sientas lo pasado, alegrate del presente. Vive como quieras vivir y actúa cuando lo creas necesario. Y si deseas algo hazlo, de nada vale suspirar por lo que nunca tuviste el valor de realizar – terminé quebrando mi voz-. Pues yo me marcho suspirando, cobarde como siempre. Nunca dije lo que siento y me voy con ello dentro.
-Aun estás a tiempo.
Negué con la cabeza.
-Ya es tarde, no tiene sentido alguno. Pero lo que si espero es que mi error te sirva como ejemplo.
Sonreí por última vez y me dejé envolver por completo por el manto dorado de la luz eterna. Mas antes de partir descubrí una lágrima surgir en su rostro, acariciándolo, para terminar desapareciendo conmigo y con el tiempo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Ronda de poesías

Dulce veneno,
tormenta del desierto.
Profundo y oscuro abismo,
vacío silencio.
Mi alma se torna oscura,
ya no sé lo que siento.
Mi corazón se cristaliza
y me pierdo con el viento.
¿Qué es el olvido?
Es tu mirada.
Son tus labios no besados,
los abrazos no encontrados,
las caricias no dadas.
Vivir en un mundo incierto,
seguir soñando despierto.
Solo queda la sonrisa que,
en su momento,
me fue otorgada.


Divagaciones del futuro,
sentimientos del pasado.
Murmullos apagados,
delirios destruidos.
Incierta es la vida,
incierto es el mundo.
Vivimos sin vivir
en un castillo desolado.
Creamos la ilusión,
incrementamos la pasión.
Soñamos el recuerdo,
buscamos el momento.
Callado el corazón
callamos el silencio.
Ya no busco el perdón,
nadie escucha mi lamento.

lunes, 25 de febrero de 2013

Amor nocturno

Hoy mi viaje comienza
bajo el baño de la luna llena,
brillante lucero
de la oscuridad eterna.
- Ámame -dijo ella
en medio de un silencio infinito.
- Quiéreme por las noches,
que es cuando te necesito.
Y así todas las noches se amaban.
Todas las noches yacían.
Y cuando más dichosos se sentían,
la luna entera brillaba.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Luna

Luna que reflejas lo que siento
y me bañas en luz de plata.
Me rodeas con tus brazos fríos
y me miras con mirada pálida.
Desciende de tu lecho para acariciar tu pelo,
desciende y podré besar tus labios.
Oscura noche,
abismo del olvido,
llamo a tus soldados estelares para que me guíen.
Hoy no está mi amada,
hoy no está la luna,
hoy me entristezco
y se me quiebra el alma.

Ojos boscosos

Y cuando abrió los ojos fue como si me perdiera en la profundidad de un bosque. Como si, tumbado en el suelo, observase los rayos del sol atravesar las hojas.
Entonces sonrió, apretando sus labios rosados, y notando crecer el ritmo de mis latidos, terminé esbozando mi propia sonrisa.
Deseé que se detuviera el tiempo y los segundos se volvieron horas y nuestras miradas continuaron cruzadas.