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lunes, 14 de febrero de 2011

Tres deseos


Hoy es San Valentín y me gustaría que disfrutaseis de esta pequeña historia:
Tres deseos

 Empezaba a dejarse ver el sol por el horizonte, teñía rosáceas las nubes del cielo y extendía sus rayos en todas direcciones. En su habitación un chico despertaba apagando el ruidoso despertador.
“Hoy me siento bien” Pensó.
Se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de baño. Abrió el grifo de la ducha y tras desvestirse se metió en ella. Cuando hubo terminado se vistió, desayunó y salió de su casa. Una suave brisa rozó su cuerpo, respiró profundamente y sonrió.
“Por fin es viernes”
Siguió andando hasta el instituto. Cuando llegó entró en su clase y se sentó al lado de su amiga Vanesa.
-¡Hola Vanesa!-sonrió
-¡Hola Nigel!-contestó Vanesa.
Mientras empezaba la clase Nigel miró a su amiga, parecía algo triste y distraída.
-¿Te pasa algo?
-No… Solo he dormido mal
Nigel se paró a pensar, seguro que ella no estaba así por eso, pero decidió dejarlo pasar por el momento.
El día transcurrió sin ninguna novedad, Vanesa seguía sintiéndose triste y algo cabizbaja, pero no decía nada. A la salida del instituto Nigel se paró delante de Vanesa.
-¿Te apetece que comamos por ahí? Hoy es viernes.
-Es que…
-Venga que te invito-le cortó Nigel sonriendo.
-Vale-logró decir ella también sonriendo.
-He decidido que hoy te voy a conceder tres deseos. Primer deseo, ¿dónde quieres ir a comer?-dijo muy entusiasmado.
-Bueno tampoco quiero abusar… Con ir al restaurante italiano que solemos ir me vale.
-Hecho. Dejamos las mochilas en casa y nos vemos allí en una hora. Adiós- hizo un gesto de despedida con la mano.
-Hasta luego-se despidió ella.
Nigel llegó pronto a la puerta del restaurante y vio llegar a Vanesa. La sonrió y entraron dentro. Se sentaron en una mesa junto a la ventana y pidieron dos platos de pasta. Cuando les trajeron los platos el olor invadió su olfato y cuando empezaron a comer el gusto hizo el resto. Vanesa seguía algo distraída, pero hablando y riendo pareció sentirse mejor.
-Ahora te toca el segundo deseo, ¿a dónde te gustaría ir?-preguntó Nigel al salir del restaurante.
-Pues ahora que lo dices…Han abierto unos puestos en el parque y me gustaría verlos, pero solo si a ti te apetece.
-Claro que me apetece, hoy he dicho que te voy a cumplir tres deseos.
-Ya pero…
-No hay peros que valgan. Vamos.
Llegaron al parque y se dirigieron a la zona de los puestos. Había mucha gente mirando. Algunos riendo, otros aburridos y otros comentado qué se habían comprado. Había niños correteando con globos en las manos y otros disfrutando de sus helados.
Los dos chicos caminaban mirando los puestos, se probaban cosas y sobre todo reían comentando las cosas divertidas que veían. Decidieron comprar helados después de ver todos los puestos y sentarse en el césped para comérselos. Mientras lo hacían una cálida brisa mecía las hojas de los árboles. Los rayos del sol las atravesaban y daban al lugar unos pequeños brillos color esmeralda.
-¡Qué bonito!-comentó Vanesa suspirando.
-Es verdad-un momento de silencio mientras lo observaban- Bueno, te queda un último deseo.
-Dentro de poco atardecerá. Me gustaría verlo desde un sitio alto. Toda la ciudad en un cálido color anaranjado.
-De acuerdo, en este parque hay una colina desde donde se puede ver gran parte de la ciudad, vallamos allí.
Se levantaron y anduvieron tranquilamente hasta la colina. Allí, sentados bajo un árbol, esperaron en silencio a que el momento llegara. El sol fue descendiendo y con ello se dedicaba a ir pintando los altos edificios a un tono anaranjado. Los cristales brillaban y el tiempo pareció detenerse por un instante. Un instante lleno de tranquilidad. Y por fin el sol terminó por ocultarse despidiéndose hasta un nuevo día.
-Muchas gracias Nigel-Vanesa ya parecía más contenta- Me ha encantado todo este día. Creo que mañana me gustaría cumplirte a ti otros tres deseos. Te lo mereces.
-No hace falta que hagas nada, mi deseo ya se han cumplido.
-¿A sí? ¿Y cuál era tu deseo?
-Pues mi deseo era…-la miró a los ojos- poder estar todo un día contigo y animarte.
La chica inspiró profundamente y le abrazó.
-Muchísimas gracias, pero ¿por qué?
-Porque…-inspiró profundamente- te quiero.
Nigel desvió la mirada y su corazón empezó a palpitar con muchísima más fuerza. Su respiración se entrecortaba y no sabía que pensar. Vanesa le abrazó mucho más fuerte mientras varias lágrimas resbalaban por su rostro. Apartó la cara de él, los dos se miraron intensamente y ella le besó.