martes, 19 de abril de 2016

Negro Puro

Los últimos posos de claridad despuntaban el firmamento. Rayos anaranjados atravesaban los ventanales, adornando así el cabello de mis compañeros con reflejos dorados. Quedaban pocos minutos para que pudiésemos irnos a casa. Las clases sobre los Devoradores eran interesantes, mas hoy había sido un día cansado. La Academia Folklore se enorgullecía por preparar muy bien a sus alumnos: entrenamiento físico todas las mañanas y conocimientos teóricos por las tardes. Nos enseñaban a manejar diferentes armas para eliminar a los Devoradores que osasen cruzar las grietas. Sin embargo, yo tenía otros métodos de lucha, te tenía a ti. Desde que nací te tuve cerca, te podía sentir. Me ayudabas cuando hacía falta, siempre estabas ahí. No existíamos en el mismo mundo pero, de alguna forma, nos unía un vínculo. Nacimos entre las grietas y éstas formaron parte de nosotros. Estábamos conectados mentalmente y, aunque no podíamos vernos ni tocarnos directamente, sabíamos que nos teníamos el uno al otro.
Comenzamos como dos amigos prácticamente normales, charlábamos de nuestras cosas y nos ayudábamos. Crecimos totalmente juntos. Sin embargo, aprendimos a usar esto a nuestro favor. Descubrimos que la unión no solo servía para comunicarnos, podíamos sentir lo que el otro sentía e incluso podíamos compartir habilidades controlando brevemente el cuerpo del otro. Yo de un mundo centrado en el desarrollo tecnológico y tú parte de un mundo mágico. Ambos existían en equilibrio unidos por las grietas.
Aunque era mi campo, tú aprendiste a manejarte con las armas mucho mejor. Yo, en cambio, tuve mayor facilidad a la hora de usar la magia que te enseñaban. Nos compenetrábamos.
«Leo.»
El sonido de tu voz acompañó la campana de fin de clases, me despertó de mi ensimismamiento. Algo se removió en mi interior. No era el sonido de la campana, era el sonido de alarma. Me levanté de mi pupitre como había hecho ya la mayoría de la clase. Los Devoradores debían de haber cruzado una grieta cercana, últimamente lo hacían con demasiada frecuencia.  Como siempre, tú los habías detectado rápido.
«Se acercan rastreadores a tu posición.»
Tu voz sonaba serena, me recordó cómo conseguía calmarme cuando éramos más jóvenes. Ahora no me ponía nervioso ante éstas situaciones. Recogí mis dos pistolas y palpé mi cinturón para cerciorarme de que estaba la empuñadura de mi sable. Salí corriendo del aula. Normalmente había que pasar primero por la sala de control para saber dónde estaban atacando, pero yo no lo necesitaba. Esquivé a mis compañeros y bajé corriendo las escaleras. Empezaba a notar la adrenalina recorrer mi cuerpo.
«¿Hacia dónde Noel?»
Te pregunté mientras corría.
«Dirígete hacia el sur, hacia los jardines.»
Sin dudarlo un momento crucé los portones y me dirigí hacia donde decías. Seguía oyéndose la alarma y pude observar que ya había llegado alguno de los alumnos aventajados, armas en mano. Entre los árboles podía apreciar la agitación de la batalla, esto había empezado. Agarré una de las pistolas y recogí mi empuñadura para activar el sable. Se formó una afilada hoja metalizada al pulsarla.
«Toma el control.»
Noté tu calor en mi interior y aumentó más  mi euforia. Mi cuerpo entrenado seguía tu danza. Me hiciste correr hacia un árbol, agarrándote a sus ramas para subir más alto, y saltaste desde arriba. Giraste en el aire y con mi mano apuntaste al rastreador más cercano. Disparaste. Caímos cerca del enemigo, la bala había acertado en una de sus patas. Agitaba la cola y mostraba sus dientes. De un salto se abalanzó sobre mí, era muy rápido, pero tus reflejos lo eran aún más. Conseguiste parar el ataque con el filo del sable y usaste mi fuerza para apartarle. Gruñó enfadado. No podíamos darle tiempo a que volviese a atacar.
«Te toca. Utiliza la magia como solo tú sabes.»
Me devolviste el control de mi cuerpo y me cediste tu energía. Noté la grieta encenderse en mi interior, la magia fluyó a través de nosotros.
«Fuego.»
Convertí tu energía en calor hasta que prendieron llamas en mis manos, les di forma de esfera y mediante un ágil movimiento se las lancé al rastreador. Chocaron contra su pelaje azulado, consiguiendo que el enemigo se desplomase en el suelo. Antes de que se levantase corrí hacia él e hice un gesto hacia un arbusto cercano.
«Crece.»
Conseguí que sus ramas comenzasen a moverse y a deformarse para atrapar al rastreador. Llegué hasta él y volví a abrir el sable para clavárselo sobre los ojos, manchando la hierba con su sangre.
«Uno menos.»
Giré sobre mi mismo y observé a varios estudiantes y profesores enfrascados en sus propias batallas. Todo a mi alrededor era frenético.
Sin casi darme cuenta me rodearon otros dos rastreadores.
«No bajes la guardia. Déjame el movimiento y los disparos, tú lanza hechizos para apoyarme.»
«De acuerdo.»
Volví a cederte el control. Atacaste al rastreador de mi derecha. Estocada al lomo. Levantó sus garras y las esquivaste. Noté cómo se acercaba el otro.
«Pulsión.»
Lo aparte con una onda antes de que se acercara. Entre tanto, tú seguías atacando. Golpe, revés y giro. Corte tras corte, esquivando cola y garras. Más de una vez nos golpearon, mi cuerpo recibió más de una herida. Sangre y adrenalina. Sabias moverte, bailar en la batalla, y en poco tiempo conseguiste que el rastreador se debilitase.
«Descarga eléctrica.»
Unos rayos fluyeron por el cuerpo del monstruo haciendo que se retorciera. Finalmente cayó inerte sobre el suelo.
De repente noté un fuerte golpe a mi espalda. El otro rastreador. ¿Cómo podíamos haberlo olvidado? Pero tus reflejos seguían igual que siempre. Tras el golpe giraste mi cuerpo y disparaste.
«Explosión.»
Hice que la bala estallara al tocar al enemigo, lo que le hirió gravemente. Aun así, éste siguió en pie y comenzó a babear de rabia. No sé cómo pudo hacerlo pero el rastreador saltó en el aire. Tú conseguiste esquivarlo tranquilamente, salvo por parte de la saliva, que me quemó un poco el brazo. Ácido. Ésto era nuevo, ningún otro rastreador tenía saliva ácida. ¿Qué estaba pasando? Mientras me debatía tú seguiste esquivando ataques y lanzando estocadas. Abajo, salto y giro, espadazo, espadazo y barrido. Al final conseguiste acertarle en el cuello de un corte limpio. Cabeza y cuerpo se desplomaron inertes en la hierba, habíamos vencido.
«Algo no va bien. Cada vez aparecen con mayor frecuencia y van siendo más poderosos. ¿A qué será esto debido?»
Al parecer, por lo que podía observar en los rostros de los demás, terminando con los enemigos y resoplando, no éramos los únicos a los que les inquietaba la situación.
- Estamos en guerra.- Anunció la potente voz del director, que se acercaba mostrando un mapa en su dispositivo holográfico.- Han aparecido Devoradores por todo el mundo, las grietas se están saturando.
- Eso no puede acabar bien.- Gritó uno de los presentes.- En comparación con toda la población, somos pocos los que sabemos defendernos.
- ¿Realmente creéis que podremos con todos?
- Tenemos que defender a nuestros seres queridos.
- No podemos permitirlo.
Todos comenzaron a dar su opinión al respecto, cada uno más asustado al anterior. Comenzaban a perder la calma.
- Que no cunda el pánico.- Si algo se le daba bien al director era proyectar su voz, hacerse oír.- Somos la defensa principal de éste mundo. No es solo que debamos defenderlo, es que podemos.
Las palabras parecieron animar el ambiente en cierta medida. Ciertamente estábamos entrenados contra todo tipo de situaciones.
Me di cuenta de que hacía un rato que no decías nada, estabas pensando.
«¿Qué corroe por tu mente?»
«¿Tanto se me nota?»
Casi pude apreciar tu sonrisa burlona. Conocía demasiado bien ese tono de voz que ponías cuando te pillaba.
«Sabes que no podréis con tantos, que no solo os enfrentais a los que ya están dentro, seguirán entrando más si no hacemos algo.»
«No quería decirlo en voz alta, pero también lo he pensado. Nos enfrentamos a algo grande. ¿Qué sugieres?»
Sabía que tu mente avispada ya había pensado en algo. No eres de los que solo piensa en los problemas sin buscarles soluciones.
«Hay una opción, pero es arriesgada.»
«Lo que sea si así conseguimos solucionarlo, no soportaría ver mi mundo destruido.»
«Déjame que te guíe entonces. Observa a través de mis ojos, ésta aventura transcurre en un mundo de fantasía.»
No pude evitar sonreír, siempre conseguías darle un toque épico a la vida.
«¿Ni si quiera vas a comentarme el plan? ¿Ni una pistita?»
«Cuantos menos detalles sepas mejor. No querrás que te desvele el final de la historia, ¿no? Por cierto, con el último hechizo has puesto mis reservas al mínimo, necesitaré un rato antes de que podamos volver a lanzar alguno.»
Asentí alegremente sabiendo que sentirías el movimiento y accedí a tu mente, me puse a observar desde tus ojos. Todo se llenó de color a nuestro alrededor. Vuestros jardines siempre estaban llenos de una flora fascinante. Vegetación de hojas azuladas, flores de pétalos luminosos e incluso zarzas plateadas. Siempre me había parecido precioso. Y me acordé de lo que comentabas cuando éramos pequeños, que la magia era como los colores del mundo y que, cuanto más oscuros tuvieses los ojos, más poder podías absorber. Nunca supe si creérmelo del todo, pero me gustaba cómo me lo explicabas.
Comenzaste a caminar abandonando los jardines de tu escuela, un castillito con ladrillos de distintas tonalidades y grandes ventanales. Aceleraste para adentrarte en la espesura del bosque. El ambiente parecía sentirse inquieto, éste era el mundo de los Devoradores, que aunque aquí eran menos hostiles, nunca sabías cómo te podían contestar si te los cruzabas. Pasaban a nuestro mundo en busca de otros seres vivos de los que alimentarse ya que les aportaban mayor cantidad de energía, de ahí su nombre. Arrasaban con todo lo que podían.
Avanzábamos a paso apresurado, internándonos cada vez más. Como en la batalla, esquivabas ramas y piedras, saltabas las rocas. Siempre he admirado tu agilidad.
De repente, se oyó un gruñido y un estruendo de hojarasca y ramas que se partían. Era un Devorador enorme, un monstruoso tanque, como les llamábamos en la academia. De pelaje plateado, parecía casi metálico. Grandes garras y una espalda acorazada. Se alzaba a dos patas, lo que hacía su aspecto mucho más temible e impactante.
Desenvainaste tu espada de metal templado y saltaste antes de que reaccionara. Comenzaba la batalla.
Corriste hacia el inmenso ser, buscando atacar sus piernas y giraste la espada para acertarle. El monstruo se apartó e intentó destriparte con una de sus garras, pero era demasiado lento para ti. Esquivaste sin problemas, utilizaste el impulso para deslizarte y atacar con un barrido. Acertaste en el talón, pero contra ese mastodonte no era más que un rasguño. Volviste a levantarte, espadazo tras espadazo, girabas para acertarle y saltabas para esquivarle.
«Vuelvo a estar casi cargado, aunque no del todo.»
Esa era mi señal para empezar a lanzar hechizos. Pero yo ya los estaba preparando desde antes.
«Ventisca de hielo.»
El aire comenzó a arremolinarse a tu alrededor y fue bajando su temperatura. Se formaban cristales de hielo y, cuando estuvo lista la dirigí contra nuestro enemigo. La dureza del hielo lo detuvo y congelé el pelaje de sus patas, no podía moverse y concentré el ataque en el resto de su cuerpo. Se le clavaron varios cristales, derramaba lágrimas de sangre por varias heridas. Tú aprovechaste el momento. Te apoyaste en una de sus patas flexionadas para impulsarte. Desde arriba levantaste la espada por encima de tu cabeza y, al caer, descendiste en punta sobre su cabeza. Sin embargo, un segundo antes de ensartarle, se desprendió del hielo con un rugido terrible y de un zarpazo te dejó en el suelo. Intentaste levantarte, pero resbalaste en los restos de hielo. Mi propio hechizo se volvió contra ti. El tanque ya estaba encima de ti, veía su saliva descender por su boca, acariciando sus afilados dientes. ¿Cómo había cogido tanta velocidad? Intentaste parar su golpe con la espada, mas te la lanzó demasiado lejos para alcanzarla. Sentí tu impotencia y sus garras volvían a descender, tenía que hacer algo. Acumulé gran cantidad de energía y recé para que funcionara lo que pasaba por mi cabeza. Alcé tu mano hacia la cabeza del monstruo y disparé. El estruendo llenó el lugar. Había funcionado, podía incluso notar tu asombro. Conseguí traer una de mis pistolas a tu mundo. Volviste en ti y te apartaste antes de que te aplastase el cuerpo inerte del Devorador. Después te quedaste resoplando un rato en el suelo.
«¿Cómo lo has hecho?»
«Utilizando la misma idea por la que tú traspasas la magia a mi mundo.»
«Siempre agradeceré tu gran astucia y rapidez mental.»
Noté una sonrisa formarse en tu rostro y convertirse en carcajada. Yo te acompañé riendo también.
Al rato, y cuando ya nos calmamos, te levantaste dolorido y cansado, siempre lo dabas todo en la batalla.
«Aura sanadora.»
Recordé pronunciar para curarnos, aproveché incluso para curar mi propio cuerpo al otro lado.
«Gracias Leo. Tú siempre tan atento. Debemos continuar.»
Y proseguimos nuestro viaje hacia aquel sitio misterioso, profundizando aun más en el bosque. Hacía rato que había anochecido y se oían los susurros de la noche. Me fijé en como tus movimientos no  se sumaban como sonidos, eras tan grácil que no crujías rama alguna. Y me fascinaba como, con tus ojos, podíamos ver mejor en la oscuridad. Estaba encantado con tu mundo.
«¿Cuándo me vas a decir a dónde vamos?»
«Pronto, no seas impaciente.»
«No me llevarás a un sitio "tranquilo" para pasar los últimos momentos antes de que los Devoradores destruyan mi mundo, ¿no?»
«Me conoces demasiado bien.»
Comenzamos a reírnos del comentario, con la risa casi acompasada, era demasiado divertido sentirnos mutuamente, se intensificaban las sensaciones. Si no fuese por el peligro que corría mi mundo, ésto sería casi un paseo agradable. Pasaron varios minutos en nuestro propio silencio hasta que volviste a pronunciarte.
«Estamos llegando.»
Al fondo, entre los árboles pude apreciar lo que parecía ser un antiguo edificio. Se oía el sonido lejano de agua corriente. Y al acercarnos un poco más se mostró ante nosotros una imagen maravillosa. Era una especie de templito de pisos escalonados, hecho con bloques de piedra rojiza y adornado con hiedras doradas que lo rodeaban. Pero lo más impresionante era que estaba en el centro de un pequeño lago, sobre una isla a la que se accedía por un puentecito de piedra esculpida. Además, de la cima del templo caían unas cascadas por cada una de las cuatro caras, una de ellas separada en dos por un tejado a dos aguas que guardaba la entrada.
«¡Es impresionante!»
«Por supuesto, a ver si te crees que te voy a llevar a sitios feos. Vamos dentro y te explico lo que he... hemos venido a hacer.»
Entraste por el arco de entrada y comenzaste a descender las escaleras hacia el interior del templo. El pasadizo estaba iluminado por lucecitas flotantes. Me encantaba el mundo mágico.
Llegamos hasta el final de los escalones y empecé a extrañarme de que no hubiese nadie cuando el filo de una lanza nos cortó el paso.
- No podéis pasar al Templo del Cristal.- Dijo el guardia con tono amenazante.
«Duérmele con un hechizo, no quiero hacerle daño.»
«Vale. Sueño.»
Pero no hizo nada, el guardia siguió en su puesto. Entonces me fijé en la diadema que llevaba en la cabeza, con una perla roja enorme, a juego con su armadura dorada y carmesí.
«Es un bloqueador de magia por lo que tendremos que actuar al modo directo.»
Desenvainaste la espada en menos de un segundo y lanzaste una estocada directa a uno de los pliegues del guardia. Éste fue a defenderse con su lanza pero, de repente, tú giraste de forma inesperada, le rodeaste y le asestaste un golpe en el cuello con el mango de la espada. Cayó desplomado creando un estruendo metálico en la sala.
«No podemos perder tiempo.»
Dejando el cuerpo inconsciente del guardia en el suelo corriste hasta el centro de la sala, donde se hallaba un inmenso cristal flotante que brillaba por sí mismo. El suelo estaba adornado por runas de distintos colores. Era un lugar muy místico.
«Éste cristal mantiene las grietas estables, permite el traspaso de energía y la materia de un mundo a otro. Si nosotros, que albergamos una grieta dentro, lo tocamos podemos hacer de conductores. Eso crearía una sobreexcitación de energía que desactivaría la mayoría de las grietas y evitaría el paso de los Devoradores.»
«Pero... eso también crearía una sobrecarga de energía en tu cuerpo.»
Entonces sentí unas lágrimas recorrer tu rostro y lo entendí todo. No me explicaste el plan porque sabías lo que iba a pasar, eres de esas personas que se sacrificaría si hiciese falta.
«No. Tiene que haber otra solución, no voy a permitir que hagas eso.»
«¿Hacer el qué? ¿Salvar tu mundo? ¿Salvarte a ti? Está decidido, es lo que debo hacer.»
«Pensaremos algo, Noel. No tienes por qué sacrificarte.»
Y tu silencio me hirió más que nada, sentir tus lágrimas agolpadas en tus ojos, sentir las mías nacientes. Me era imposible imaginarme una vida en la que no estuvieras, eras parte de mí.
«Lo siento Leo. Siento no habértelo dicho antes, no quería hacerte daño. Eres demasiado importante para mí como para no salvarte.»
Pero debido a la tristeza no supe qué contestar. Habías decidido sacrificarte y no conseguía asimilarlo. Tú eras la calma de mis días malos, la voz de mi conciencia, el abrazo con el que borrar mis lágrimas y, sobre todo, la causa de mi sonrisa. Nunca nos habíamos tocado, ni si quiera nos habíamos visto directamente, salvo en reflejos cuando entrábamos en el cuerpo del otro. Y aun así, con todo lo que habíamos sentido, todo lo que habíamos vivido, teníamos un vínculo muy intenso. Yo sabía que te amaba, que mi sueño era encontrarte, vivir junto a ti toda mi vida, simplemente abrazarte y ser feliz juntos.
«Sé lo que estás pensando. Yo también desearía abrazarte, tenerte entre mis brazos. Pero prefiero morir y que tú puedas ser feliz, encontrar otra persona importante. Te debo mucho y no me permitiría verte sufrir.»
«Yo también te debo demasiado. No es lógico que para que yo no sufra, seas tú el que lo haga.»
«Consiguiendo que vivas y seas feliz es la única forma de que yo no sufra.»
Y sin dejarme un segundo para contestar te acercaste al cristal. Intenté detenerte, pero habías bloqueado la posesión. Ibas a hacerlo, no había vuelta atrás. Y lo tocaste. Tocaste el cristal sin miramientos y borraste tu dolor antes de que pudiera sentirlo. Noté el aumento de energía, sabía que te dolía, y absorto en mi frustración el mundo se volvió negro.
Abrí los ojos y ahí estabas. Tú. Físicamente con tus rizos azabache. Tú con tus ojos negros y esa sonrisa que creaba mareas. Y me abrazaste, me rodeaste con tus brazos con ternura, tan fuerte y agradable que no podía creerlo. Alojé mi cabeza en tu pecho y te devolví el abrazo. No era un sueño, pero tampoco era real. Al notar tu llanto me di cuenta de que estábamos en alguna parte dentro de mí, el hueco de la grieta.
- He conseguido unos minutos de despedida.- Susurraste al tiempo que se te rompía la voz. A mí se me rompía el alma.
Yo te abracé más fuerte, quería que éste momento fuese eterno, y por querer, quería que mis lágrimas callaran, poder mostrarte mi mejor sonrisa antes de que te fueras.
- No me dejes. Sin ti la vida es frágil, puede romperse en cualquier momento. Eres el sol que me da calor, el latir frenético de mi pecho.
- Mi grandioso Leonel, eres un chico atento y perspicaz, con un ingenio maravilloso. Eres la luna que brilla en la noche, todo corazón, la brisa fresca en un golpe de calor.
Y aún con lágrimas en los ojos decidí besarte, posar mis labios sobre los tuyos y fundirnos, de nuevo, en uno solo. Era mi primer beso, dulce y apasionado. Pero, mientras ocurría, tú fuiste desapareciendo, desaciéndote en lucecitas blancas. Dejé de sentir tus labios y lo último que vi fue tu mirada serena, tus alegres ojos negros. Esbocé por fin el intento de mi mejor sonrisa, y eso te alegró aún más, tus ojos brillaron más intensamente.
Volví a despertar, ésta vez realmente y en mi cuerpo. En mi rostro había aún un pequeño rastro de una sonrisa triste y los suspiros llenaban mi pecho. Estaba en mi cama, alguien debió de llevarme en el fragor de la batalla. Me acerqué a mi espejo, ahí estaba yo sintiéndome vacío, pero algo era distinto. Mis ojos, no eran castaños como siempre. Eran negros, negro puro como los tuyos, negro puro para poder usar la magia.
- Brisa.
Una corriente de aire recorrió mi cuerpo y se arremolinó por mi habitación.

Comencé a llorar, no solo te marchabas para que yo viviera, me dejabas como legado el mejor regalo del mundo. ¡Muchas gracias Noel! Por existir, por hacerme la vida más llevadera y por cuidar de mí incluso al irte. Te querré siempre.

lunes, 18 de enero de 2016

Verde olvido

Un intenso zumbido me despierta. Levanto los párpados con cautela, algo me dice que no me va a gustar lo que voy a encontrar. No sé dónde estoy, giro a mi alrededor y no me ubico. Ni siquiera sé cómo he llegado hasta allí. Es una nave, eso seguro, pero no es la mía. Empiezo a asustarme, no recuerdo nada, todo lo anterior a esto se ha esfumado. Como cuando despiertas y sabes que has soñado, pero no sabes con qué. Así me siento. Intento levantarme sujetándome a la pared, mi traje espacial pesa demasiado y se me tensa el cuerpo. Dolor. Una sensación que se acentúa conforme voy tomando conciencia de mi existencia. Y este casco sobre mi cabeza, reduce mi visión y me molesta, pero no consigo quitármelo, tendré que dejármelo puesto. Aun con ello siento un hedor repulsivo, no sé cuanto podré aguantarlo.
Veo unas letras en una de las paredes y me acerco para observarlas por si me ofrecen alguna pista. Nada. No tienen sentido. Debe de ser una nave alienígena, como si hubiese pocas en el espacio. Sin embargo hay una marca en un borde que quiere sonarme, que me llama. La rozo con la yema de los dedos y, de repente, una melodía fluye por mi mente, imágenes cambiantes que no se coordinan. Y sin más para, pero no para traer silencio, para nombrar algo peligroso, algo que nadie querría oír: Labyrinth Spacecraft. El miedo corroe lentamente cada poro de mi cuerpo, y me estremezco. No puede ser. No podían haberme elegido a mí para sus juegos. Estaba en la "Nave Laberinto", lugar detestable y show televisivo. Era simplemente asqueroso. Seleccionaban a gente siguiendo un oscuro método que nadie quería saber, les encerraban en una nave misteriosa y les hacían seguir sus reglas para poder salir. Muy poca gente lo conseguía, y los que lo hacían no quedaban precisamente cuerdos. Pero eso no era lo peor, no. Había algo que hacía mucho más "maravillosa" a esta nave. Cuanto más tiempo pasabas en ella, menos recuerdos te quedaban. Solo aquellos ligados al subconsciente, a emociones muy fuertes, conseguían mantenerse, muchas veces ni eso. Me entran arcadas, mi corazón se va a salir desbocado de mi pecho. ¿Por qué yo?
Prácticamente ya con lágrimas empapando mi rostro me sobresalta un gruñido. Dada mi suerte estaba claro que no podía ser humano, que algo se acercaba y me acechaba. El sonido se incrementa por momentos, mi respiración se acelera. ¡Necesito salir de aquí! Pero no tuve tiempo, al segundo lo tenía encima. Un bicho repulsivo se me acerca, es enorme y viscoso. Y verde. Por un momento ese color me paraliza. Es un verde que me recuerda a algo, ¿pero a qué? Sin pensarlo mucho más palpo por instinto mi cinturón. ¡Eureka! Hay una pistola. La saco con rapidez y disparo, casi sin mirar. Esto parece dárseme bien, he acertado de lleno y, mediante el sonido más desagradable que podía imaginar, el bicho revienta. Lo deja todo pringado del líquido que lo formaba. Un charco esmeralda donde antes había solo suelo. Y algo más. Mi mente vuelve a llenarse de imágenes sueltas, no parecen tener coherencia. Más ahí estaban, esos ojos pícaros de mirada burlona, ese bosque que me abraza. Tan verdes, tan llenos de vida, que me encantaban. Tan verde olvido. Mirarlos hacía que todo lo demás desapareciera. Me escrutaban curiosos y me purgaban el alma. Me di cuenta de que todo rastro de miedo había desaparecido, se cambió por calma. ¿Cómo podía haber olvidado esa mirada? No pude evitar sonreír y eso a su vez recordó su sonrisa. Una curva perfecta en sus tiernos labios, una caricia cálida y divertida. Esa sonrisa, con todas sus letras en mayúscula. Por fin logré montar el puzle, me acordé de toda ella. Una chica dulce, de risa musical y encantadora. Una chica que para mí era un todo, que no solo me hacía feliz, me hacía sentirme yo, libre y diferente. Me hacía sentirme simplemente especial.
Era lo único que recordaba, en mi mente nada más había y, sin embargo, algo no cuadraba. No recordaba sus besos, sus caricias, nunca los hubo. Yo la veía como una amiga, al menos eso creía. Pero, ¿por qué ahora parecía tan distinto? ¿Por qué no paraba de pensar en ella? ¿Siempre había sido tan intenso y no me había dado cuenta? Me gustaría pensar que no, pero algo me dice que sería mentira. Siempre lo supe y no quise verlo. Le negué mi corazón, pero en realidad solo me negaba a mí misma. Que fuese una mujer no era lo que me asustaba, sabía que no. Simplemente quise protegerme ante este sentimiento, este amargo sentimiento que a todos nos atrapa y nos devora por dentro.

Entonces me di cuenta. Tenía una meta, algo que lograr. Debía salir de aquella nave, lucharía por mi vida y sobreviviría. Tenía que encontrarla, susurrarle al oído lo mucho que me llena. Tenía que abrazarla, besarla, al menos una última vez y, con suerte, el resto de mi vida. ¡Espérame porque estoy llegando! Nadie podrá pararme ahora. 

lunes, 11 de enero de 2016

El tiempo que tarda en llegar

Aun recuerdo esa noche. Ese momento idílico que tanto me hace suspirar y por el que hoy sonrío. Surgió cuando todo parecía perdido, cuando solo quedaba olvidar. Decidí traspasar la puerta, entrar en la habitación sin saber que iba a encontrar. Brillaban lucecitas en el suelo y yo no pude evitar seguirlas. Junto a cada una de las luces había un papel con una palabra escrita y éstas, al juntarse, formaban una frase. Sin embargo, ni podía ser ni era una frase cualquiera. Mis oídos quisieron escucharla, mi mente ya la oía. Comenzó a sonar la melodía. Era esa canción que me enseñaste, esa canción que tanto me gustaba. Y ya no sonaba en mi cabeza, realmente sonaba. Me giré asombrado y ahí estabas, sonriendo con tu media sonrisa. Te acercaste a mí despacio y me miraste, sin pronunciar palabra alguna. Podría decir que casi se paró el tiempo, contigo siempre lo hace. Y me cogiste de la mano, rompiendo el silencio susurrando un "vamos". Tu roce activó mi cuerpo, tu firmeza me dio fuerza. Siempre te seguiría donde fuera. Salimos a la calle, juntos paso a paso. Casi no sentía frío, solo podía alegrarme por tenerte cerca. Y nos enorgullecimos de nuestro "pecado", daba igual quien mirase, tú preferías no soltarme. Recuerdo que me sudaban las manos, hice amago de secármelas y tú me lo impediste, no querías perder contacto. Y te mantenías a mi izquierda, siempre a mi izquierda, como si temieses alejarte del corazón que, alocado, palpitaba. Seguimos caminando, calle arriba, calle abajo. No importaba nada más, solos tú y yo bajo la noche estrellada. Te miraba de reojo, todo el rato sonreías. Y no es que yo no lo hiciese, que lo hacía, pero me animaba demasiado verte así. Pude apreciar que eras feliz, que por fin nada parecía preocuparte, que reías más que nunca. Y casi con lágrimas en los ojos, lleno de felicidad, no pude evitar decir: "Ha tardado tanto tiempo en llegar... tanto, tanto tiempo... Pero por fin ha llegado."
No es que acabe aquí el momento, seguramente fue mucho más, pero ya tocaba despertar. Y sin abrir los ojos me di cuenta que había sido un sueño, que no solo no había pasado, sino que no iba a pasar. Y aunque debería haber llorando, aunque quizá me dolió la realidad, no pude evitar quedarme en la cama sonriendo. Me había sentido tan lleno, tan pleno, que tuve que quedarme tumbado a recordar, a guardar cada detalle. Aunque tarde, por fin había soñado contigo, y tener este recuerdo me completaba un poco más.

Debo añadir que también me hizo reflexionar, aun sin querer me haces mejor, me haces aprender y madurar. Y es que por fin descubrí que el amor no se sella con un beso como dicen los cuentos, el amor se sella con un "lazo". Algo que no es físico, pero por lo que sea une, algo que enlaza dos manos, dos almas, dos corazones. Ya no me arrepiento del pasado, ya no pienso en aquel beso que no conseguí darte, pues no era el momento, ni si quiera era necesario. De alguna forma tenemos un lazo, siempre nos mantendrá unidos. Y sí, no es el lazo que yo buscaba, no es el lazo que yo quería, pero he de admitir que es un lazo que me llena, que me hace feliz y que con él me basta. Ahora entiendo que no hace falta el amor que todos conocemos para estar completo. Que estoy rodeado de las mejores personas y tú siempre serás una de ellas. Y que por ello, simplemente, te quiero.


Baby,
It's been a long time coming.
Such a long, long time.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Silenciar al silencio

Cicatrices que sangran donde no existieron,
vorágine de suspiros que no cesan.
Se silenciará al silencio y se gritará al anhelo.
Se cerrará la puerta al miedo.
Y cuando comience a salir la luna,
dormiremos, juntos, a su vera.

Que el sonido de la risa nos abrace,
que nos envuelva en su cántico y melodía,
que en ese instante el tiempo se eternalice
y que el camino mismo sea nuestro guía.

Que las lágrimas cristalicen el tiempo
y que en él arda el dolor.
Mañana amanecerá distinto,
sonriamos para que amanezca mejor.

jueves, 22 de octubre de 2015

La calidez de la hierba

Me encontraba sobre la fresca hierba, en un rincón apartado cerca del río. Tumbado observaba el suave viaje de las nubes ya anaranjadas. Había sido un día duro y yo había llegado el primero a nuestro sitio. Ejercer de héroe nunca era fácil, sin embargo, hoy había despachado rápidamente  a los pocos seres susurrantes que habían decidido aparecer en mi lado de la muralla. Esperaba que los demás no tardaran demasiado.
Mientras pasaban los minutos notaba como mis ojos adormecidos luchaban por no caer en brazos de Morfeo. Entonces noté su roce. Un pequeño segundo, sutil y sin sobresalto, de sus dedos con los míos. Y su olor, no necesité mirar para saber de quien se trataba. Esa fragancia tan suya, mezcla del fragor de la batalla y de humo ardiente. Me hacía sentirme protegido y seguro, y me recordaba a todas nuestras batallas juntos. Agni. Sonreí tontamente y, antes de que pudiese girarme a mirarle, un estruendo recorrió nuestro cuerpo. Nos incorporamos deprisa, no había tiempo que perder. Nos quedaba un susurrante más todavía. Sobre el agua se elevaba con su cuerpo de engendro, tan oscuro como la noche, de mirada despiadada y hambrienta, todo su cuerpo de espino. Sus alas tapaban la poca claridad que quedaba y sus garras centellearon como cuchillas espeluznantes.
Agni y yo nos miramos. No necesitamos más para saber qué hacer. Sus oscuros ojos centellearon y se volvieron dorados. Los míos en cambio se tornaron ébano. Su medallón de carbón cristalizado prendió y comenzó a humear por cada poro de su piel. Brotaron llamas y ágiles le fueron rodeando. Era gracioso, pues la primera palabra que me venía a la mente al pensar en él era "cálido". Incluso antes de conseguir nuestros poderes.
Mi colgante plateado ardió en llamas violáceas. De mi espalda, cual arcángel, nacieron dos alas oscuras, del mismo material llameante que comenzó a rodearme. Comparados éramos como el yin y el yang. Un baile de llamas brillantes y llamas oscuras, ardiente pero elegante.
Preparados nos lanzamos contra el susurrante, él impulsado por sus llamas, y yo danzando sobre el enemigo, los dos disparando a bocajarro. Bolas de fuego y de oscuridad volaban en todas direcciones, pero el susurrante las apartaba con sus garras. Hice un giro en el aire y envolví mis manos en oscuridad, creando una esfera inmensa.

- ¡Esquiva ésto! -grité.

Le dio de lleno en uno de sus ojos y bramó un alarido desgarrador. Pude ver una explosión en su costado, mientras Agni esquivaba una de sus garras sonriendo. Se le erizaron las púas y las lanzó en mi dirección. Tuve el tiempo justo para crear un escudo delante de mí, pero una de las púas me rozó el brazo izquierdo. Enfadado, concentré la oscuridad en forma de filo como prolongación de mis brazos y me lancé contra él. Se zafó con una de sus alas pero conseguí desgarrarla. Con lo que no conté fue con su respuesta. Agitó el ala y salí disparado por los aires. Creí que chocaría contra algo pero me pararon unos brazos fuertes.

- Ten más cuidado Kai -me susurró en tono burlón.

Me ruboricé ligeramente y se me ocurrió una idea.

-¿Preparado para un ataque combinado? -pregunté sonriendo.

Afirmó con la cabeza de forma enérgica. Los dos liberamos nuestras llamas por todo nuestro cuerpo y empezamos a girar uno sobre el otro en dirección al monstruo. Cada vez más y más deprisa, llenos de energía, hasta impactar en su abdomen. El susurrante se dobló de dolor y nos enseñó los dientes. Chocamos nuestras manos por el logro y, antes de que me diera cuenta, surgió la cola escamosa del enemigo y golpeó de lleno a Agni. Ya que yo no era tan rápido como él forme una esfera densa de oscuridad que lo frenara con suavidad.

- Ten cuidado Agni -repetí entonando su tono como broma.
- Muy gracioso... -me sonrió con picardía.- Ya le queda poco.

Se impulsó hacia él y se rodeó de látigos ardientes, descargándolos con furia sobre la bestia. Yo esta vez moldeé varios filos oscuros a mi alrededor y se los lancé como si fueran cuchillos.
Seguimos esquivando y azotando sin descanso. Bolas de fuego, golpes, garras. Una vorágine de ataques que no cesaba. Hasta que por fin dimos el último golpe. El susurrador estaba ya en las últimas y conseguimos alcanzarle los dos en la cara. Se desplomó sobre el río y comenzó a desvanecerse mientras se sucedían miles de susurros que ponían la piel de gallina.
Nos miramos y terminamos riéndonos abrazados por el subidón de adrenalina.

- ¡Pedazo de batalla que se han perdido los demás! Ha sido muy intensa -exclamé con entusiasmo.

Sin darnos cuenta habíamos acabado otra vez tumbados en el césped, esta vez bajo las estrellas. Agni se me quedó mirando y me sonrió. Tenía el corazón desbocado, y no solo por la pelea. Me fijé en su respiración entrecortada, en el vaivén de su pecho. Estábamos tan cerca. Nervioso volví a mirar al cielo y sentí su aliento en mi oreja. Un impulso movió mi mano y se aferró a la suya. Lo hice de forma involuntaria, pero él no pareció apartarla. Mi pulsación aumentó más si cabía. Me giré a mirarlo de nuevo. Sus ojos volvían a mostrar ese regusto a otoño. Su mirada, que siempre había tenido un deje de tristeza, esta vez parecía brillar con luz propia. Su barba oscura le enmarcaba el rostro y su sonrisa se hizo mucho más amplia. Y sus labios, cada vez tenía más ganas de besar sus labios agrietados. Acercó la mano a mi rostro y siguió el dibujo que marcaba mi vello facial. Inspiré profundamente, llenándome de su olor y de todo ese instante. Mi mano comenzó a acariciar su cuello, subiendo hacia su pelo. Nos sentíamos el uno al otro y con eso bastaba. Sin dejar de mirarnos. Éramos casi uno. Pasaron largos minutos, parecía que se había parado el tiempo, y yo no quería que se acabase ese momento. Me atrajo hacia sus brazos y me rodeó con ternura. Yo me alojé en su pecho, su corazón palpitaba tan fuerte como el mio, y le abracé tan con tanta intensidad que creí que su respiración pararía. Me sujetó la barbilla y dirigió mis ojos hacia los suyos. Y ya no puede evitarlo, estaba tan cerca que posé mis labios sobre sus labios. Era mi primer beso, suave y con dulzura. Él respondió con uno más intenso, guiándome por un recorrido apasionado.  Quizá fue un poco torpe, debido a mi desconocimiento, pero me pareció perfecto. Nunca había sonreído con tantas ganas y su sonrisa parecía un reflejo de la mía. Volví a acurrucarme sobre su hombro, eufórico, y me siguió acariciando el cuerpo. Mis dedos también danzaron sobre el suyo, fundiéndonos con el tiempo. Los dos juntos disfrutando de la calidez de la hierba, en una noche llena de estrellas.

viernes, 20 de marzo de 2015

Abygail







Aunque lo mío es escribir, últimamente me ha dado por dibujar. Y ya puestos decidí empezar con Abygail con el traje producido por  el fan-service la inquietud. ¿Os la imaginabais así?
Intentaré subir alguno más si puedo, pero si en algún momento os apetece dibujar alguno de mis personajes no dudeis en enseñármelo!!! ^^

miércoles, 25 de febrero de 2015

Inquietud



 Después de mucho tiempo le doy sentido al nuevo nombre del blog, con una renovación de una de mis historias. Además este primer capítulo, o capítulo de prueba, está dedicado a mi amiga Alba, una de mis primeras lectoras, como regalo de su pasado cumpleaños.

Maldita. Para sentir debes pagar un precio.
...plata...

Con estas últimas palabras resonando aun en mis oídos abro los ojos. Solo era un sueño, nada más. Sobre todo porque esas palabras no tienen sentido alguno.
Me tomo unos segundos sentada en la cama para despejar mi mente y volver a ser persona. Es entonces cuando me doy cuenta de qué día es hoy. Hoy es el día que tanto tiempo llevaba esperando, el día en el que demostraría todo por lo que me había estado entrenando. Hoy es mi día, hoy comienza mi aventura.
Llena de energía salto de la cama. Sí, he dicho salto, y también que estaba llena de energía. Me asomo al gran ventanal que inunda la habitación de una luz dorada e inspiro el olor de la grandeza. Es como si el mundo hubiese decidido formar parte de lo que podría ser, y esperaba que fuera, un día maravilloso. Con una sonrisa enorme pulso el botón de encendido de mi reproductor. Mi canción favorita, como si el destino la hubiese elegido especialmente hoy para mí. Me dirijo bailando al baño mientras me desvisto por el camino, por lo que espero que si, por lo que fuera, me estuviese siguiendo una cámara, hubiese grabado el rastro de ropa que iba dejando por el suelo y no mi precioso cuerpo desnudo. Soy así de paranoica, siempre pienso que me están observando, pero en el buen sentido, es como si quisiese mostrar mi historia al mundo. Me introduzco en la ducha y corro la cortina para taparme. Nunca me había parado a pensar que desconocía la empresa a la que pertenecía el logo que la decoraba, y eso que no era precisamente pequeño, ocupaba la cortina entera. Pero qué más da, me salió súper barata. Lo que sí sospechaba es que esta debía mostrar mi silueta si se miraba desde fuera y, aunque vivo sola, no puedo evitar sonrojarme al pensarlo. Otra vez estoy igual. Debería hacérmelo mirar.
Termino de vestirme y bajo las escaleras precipitadamente. Decido desayunar algo rápido para salir cuanto antes. No puedo aguantar más. Aun así, antes de salir por la puerta algo me impulsa a observar cada detalle de mi casa. Y es que no para de rondarme a la cabeza que quizá esta sea la última vez que la vea en mucho tiempo. Me paro frente al espejo y suspiro, ¿volveré tal y como soy ahora o cuando vuelva a mirarme al espejo me será imposible reconocerme? Mi pelo castaño, recogido en un lateral y volcado sobre el hombro contrario. La mirada alegre en mis profundos ojos verdes. Y mi sonrisa inquieta en aquellos labios carnosos. Definitivamente nada iba a conseguir cambiarme, me enfrentase a lo que me enfrentase. No iba a permitirlo.
Una vez con mi mochila al hombro, salgo al mundo que estaba esperando ver mi gran momento. Miro al cielo y observo extrañada como se dibujan unas letras plateadas. Ahí, flotando sin más. He de decir que son preciosas. ¿Corazón de plata? ¿Eso qué significa? Ni que esto fuera una película. Aunque quizá sí que estén grabando alguna, quien sabe. Lo que está claro es que puedo utilizarlo como excusa para afirmar que ya empieza lo bueno. Es entonces, nada más bajar la mirada, cuando aparece una cámara a mi espalda. Al final va a resultar que no iba tan desencaminada, había oído hablar de ellas y por eso siempre pensaba que acabaría apareciendo, lo que no sabía era en qué momento. Entrenada como estoy, incluso para esto, decido seguir mi camino. Cuál es mi sorpresa al descubrir que no puedo moverme por mi misma. Claro, ¿cómo he podido ser tan tonta? Con tantas cosas en el entreno lo había pasado por alto. Soy la "marioneta" de la persona detrás de la cámara. Pero nunca imaginé que la sensación sería esta. Pensaba que tendría más libertad. Tocaba por tanto obedecer sus órdenes. Yo sabía que debía ir a ver a Gudriel, mi mentora, pero ¿lo sabría el controlador? Parece ser que sí ya que me ordena andar en esa dirección, ah no, se acaba de parar a mirar el paisaje o algo de eso. ¿Saltar? ¿Aquí? Bueno yo salto, aunque no entiendo para qué. ¿Ahora tengo que correr? ¿Es que no sabe pasear de una forma normal? Y puñetazo. Lo siento amigo pero tengo mis principios y no pienso pegar al aire en una zona sin peligros ni amenazas. Parece que está probando para aprender a manejarme. Espera, le faltaba verme agachada. Ya está. Venga, que ya me lleva por el camino correcto, ¡qué nervios! Pero, ¿por qué se para a ver al gato? Siempre está ahí tumbado, no hace nada más.
Por fin llego, creía que se pararía también a ver a las vacas melocotón. Porque lo que es mirar lo ha debido de mirar todo. Que si las florecitas, que si el molino de agua. Estaba desesperada. Y eso que no vio a la coniardilla que saltaba por la hierba. Pero llegar he llegado.
Abro la puerta de la casita que tantas veces he visitado. Aun recuerdo como Gudriel me enseñaba a pelear en el patio trasero. Varias veces me ha hecho superar distintos obstáculos para mejorar mi rapidez y agilidad. No había día que no acabase agotada. Dentro me encuentro a mi mentora abalanzándose sobre mí para abrazarme. A pesar de ser dura al entrenarme, siempre ha sido una sentimental.
- Hoy es tu gran día Aby, te he entrenado para esto. Debes evitar que el mal destruya nuestro mundo. No dejes que la naturaleza se corrompa.
- A sus órdenes señorita Gudriel -levanto la mano derecha de forma militar para saludar. Siempre hago la misma broma-. Estoy tan entusiasmada que podría salvar el mundo dos veces seguidas.
- Justo lo que me gusta de ti. Eres toda vitalidad. Por eso te elegí -sus ojos llenos de ternura e ilusión hablan por sí solos, aunque por un segundo me da la sensación de que dudan cuando pronuncia la última frase. Será la tristeza de verme marchar.
- Me vas a sonrojar -me río-. Seguimos sin saber a ciencia cierta quién está haciendo todo esto, ¿verdad?
- Nada. Se oyen rumores, pero ninguno coincide entre sí. En lo que sí coinciden es en que cada vez está consiguiendo más poder y se está haciendo más fuerte. Cada vez se vuelve más peligroso. A mi pesar solo puedo decirte que debes descubrirlo por ti misma.
- Lograré descubrir a esa persona y la destruiré por completo. No sabe a quién se enfrenta -sonrisa de suficiencia.
- Ten mucho cuidado. Prométeme que vas a volver de una pieza.
- Lo prometo -Gudriel me mira como deseando que con decir esas palabras baste.
- Una última cosa. Quiero que te lleves mi bastón de combate. Sabes utilizarlo perfectamente y seguramente le darás mejor uso que yo -lo descuelga de la pared y me lo entrega-. Ahora es tuyo.
- Vaya, pero si es una de tus posesiones más preciadas. No puedo aceptarlo -aunque la persona que me controla debe estar deseando probarlo.
- No voy a aceptar un no por respuesta. Es un regalo por todo tu esfuerzo. Y dado que yo ya no puedo luchar como antes, es una forma de llevarte un poco de mi y de mi fuerza.
Termino cogiéndolo y se lo agradezco con un fuerte abrazo. Lo agarro a mi mochila y salgo de la casa. No admitiré que solté una lágrima ya que la cámara detrás de mí no lo podría haber grabado.
Justo como pensaba. Nada más salir me hace dirigirme hacia un grupo de barriles que hay cerca de la casa. Y como no, me hace golpearlos con el bastón. A tomar por culo todo el trabajo de aquel que los hubiese fabricado. Mala suerte al colocarlos ahí. Lo que no entiendo es que esperaba encontrar, está todo lleno de maderas rotas y astillas. Lógico, ¿qué iba a haber dentro? Anda pues resulta que había dinero, no lo había visto. ¿En serio la gente guarda dinero en barriles y los dejan por la calle? Cada día me sorprendo con cosas nuevas.
No contento con destrozar los barriles y cajas de todo el vecindario, que para que engañarnos, me está encantando, decide que entre en varias casas para cotillearlas. El caso es que mis vecinos están muy raros. Les rompo los jarrones, obligada claramente, y aunque estoy segura de que al menos lo oyen, ni se inmutan. Una de las veces me hace hablar con Spide, el tabernero. Supongo que para disculparse por el estropicio que había montado en su local. Y eso estaba a punto de decir yo cuando me suelta:
- Ya me han dicho que te vas de viaje. Me alegro de que por fin lo hayas conseguido. Los entrenamientos de Gudriel pueden ser muy duros. Toma un obsequio para el camino -me ofrece una botellita de cristal con un líquido violeta. El "elixir de la vida" como lo llama él. Lo que no sé muy bien es de donde lo ha sacado, es como si hubiese aparecido en su mano de repente-. Espero verte pronto por aquí.
Cuando termina de hablar me obliga a volver a decir algo, esta vez sí que tengo que disculparme, que yo siempre he sido una chica educada.
- Espero verte pronto por aquí.
¿Otra vez la misma frase? Y no puedo decir nada. Al menos intento mirarle con disculpa y creo que lo entiende. Pero antes de que me dé cuenta ya estoy fuera. Bueno, espero que haya visto la cámara que me sigue y lo comprenda. Aun así sigo pensando que él también actuaba extraño.
Por fin se decide a que salga del pueblo y me dirige hacia el bosque. Es entonces cuando aparecen varios goblins enfurecidos. Hora de dar tortas.
Bastonazo al de mi derecha. Patadón al de la izquierda. Las órdenes llegan a mi cerebro con demasiada rapidez, pero yo estoy hecha una experta. Me muevo con soltura y luzco todo mi potencial, seguro que no se esperaba mi combo con salto. ¡Ah! Uno me roza con su lanza. Ya que me controla podría tener más cuidado, ¿es que no lo ha visto venir? Claro como soy yo la que siente el dolor. Parece que me ha escuchado. La próxima estocada la esquivo con un salto hacia atrás. El goblin por su parte recibe como regalo la marca de mis zapatillas en su cara. Giro, gancho, salto y final espectacular con un barrido del bastón. Conseguido, no ha sido tan difícil. Cuando son destruidos liberan algo de energía que es absorbida por mi cuerpo y me hace sentir más fuerte. Parece ser que también llevaban algo de dinero, pues me lo llevo.
Sigo mi camino, según me manda mi "acompañante". Tendré que ponerle un nombre. Ya se me ocurrirá uno. Llego a un precipicio sobre el que cuelga un puente casi destrozado. Al fondo se puede ver un río que avanza sin descanso. ¿De verdad voy a tener que pasar por aquí? Parece ser que sí, porque mi controlador no se lo piensa dos veces. Me hace avanzar con cuidado, poco a poco. Salto aquí y allá. Parece que sabe lo que hace. Venga solo queda un último salto y...no, lo ha ordenado demasiado pronto. Pero estoy obligada a obedecer la orden y veo como me precipito hacia el vacío. Cierro los ojos instintivamente y cuando los abro, viendo que el golpe no parece que vaya a sentirlo, me doy cuenta de que vuelvo a estar al principio del puente. ¿Cómo puede ser? No le doy mayor importancia y vuelvo a realizar el mismo camino, esta vez llegando sana y salva al otro lado. Menos mal.
Después de varios saltos más y alguna que otra pelea con otros goblins, no sin algún que otro arañazo, consigue que llegue a un claro. Un gran árbol se alza en el centro, con sus enormes ramas zarandeadas por el viento. Sobre él me parece ver una silueta. Y en cuanto me acerco, la silueta salta rápidamente frente a mí. Ni si quiera me ha dado tiempo a pestañear. Solo puedo ver un encapuchado con una enorme capa. No aprecio ningún detalle más. ¿Será el causante del mal que me hablaba Gudriel?

Oh la niña maldita.

Lo escucho en mi mente. Es la misma voz que aparecía en mi sueño.

Te estaba esperando.

Antes de acabar la frase se abalanza sobre mí. Intento protegerme pero se deshace en un humo negro y me atraviesa.

Tu mentora hizo un buen trabajo. Ha sabido sellar tu maldición. Pero ha llegado la hora de que sea liberada.

Noto una punzada de dolor en el pecho. Caigo al suelo de rodillas. ¿Qué me está pasando? ¿De qué maldición habla?

Tu corazón...
...es de plata.

¿De qué me sonaba eso? Da igual, el dolor no me deja pensar. Termino en el suelo boca abajo. Esto no puede acabar aquí. El pelo me tapa los ojos y me doy cuenta de que tiene algo distinto. Se está volviendo plateado. ¿Qué me está pasando?
Tus ojos también han cambiado. Ahora son grises como un cielo nublado.
No consigo entender nada, ¿será que sigo soñando? Y de repente, cesa el dolor, con lo que me levanto con cuidado.

Veamos de qué eres capaz con tus nuevas "habilidades". ¿Qué sentirás primero? Por favor, que sea miedo, es uno de los más preciados de mi colección. Lo necesito.

Sin más dilaciones alza su mano hacia el árbol y este empieza a moverse. De repente, lo que antes era un simple y bello árbol, ahora se convierte en un gigantesco ser monstruoso con piel de madera. Pero si hasta le han salido boca y ojos. Levanta una de sus ramas y me golpea lanzándome por los aires antes de que consiga darme cuenta. Grito de dolor y noto como mi conciencia se pierde en un oscuro abismo.

Este no es el final. Te elegí por algo. Te entrené por algo.
Esta vez es Gudriel la que habla.
Naciste con el corazón de plata. Una maldición que impide a quien la posee sentir emociones. Y si las siente es castigado con una forma animal. Y aunque no dura para siempre, es muy peligroso, porque como bien sabes los animales de pelaje plateado son muy codiciados en este mundo. Todo el mundo los desea. Por eso te elegí como discípula, para sellar tu maldición y protegerte. Y he conseguido más que eso. No puedo evitar que te transformes, pero sí que puedas usarlo en tu beneficio, ya lo verás.
Y ahora dime: ¿cómo te sientes?

Aparecen a mi alrededor tres nubes diferentes, cada una de un color. Miedo, inquietud y furia. Azul oscuro, lila claro y naranja respectivamente. ¿Qué debía elegir?

No lo eliges tú, lo elige ella.

¿Ella? No salgo de mi asombro cuando me muestra una imagen extraña. Una chica de cabellos dorados me observa detrás de sus gafas. Sentada en un sofá y con algo en las manos. Mi controladora. Por fin la conozco. Si es ella la que elige espero que lo haga bien. Furia, claramente furia. Es lo que siento ahora mismo y no hay más. Parece que se para a pensarlo, ¿cuánto va a tardar? Por fin se decide. No, inquietud no. ¿Inquietud y preocupación? ¿Ahora se preocupa por mí? Pero es que furia es muchísimo mejor, estoy segura. No puedo hacer nada, ya ha elegido, pues nada inquietud.

Suerte Abygail. Empieza tu verdadera aventura.

Me envuelve la nube lila y me despierto. Mi cuerpo está cambiando y mi ropa se modifica. Me cubre la capucha de una chaqueta violácea ¿con orejas? Unos pantalones cortos cubren mis muslos y la chaqueta queda abierta dejando al descubierto un top que solo me cubre el pecho. ¿No había nada más ligero? Un poco más y voy desnuda. Al menos tiene hombreras de un material que parece resistente. Es lo único a lo que podría llamar armadura, que es lo que yo me esperaba. Seguro que furia sí que era una buena armadura, una de las que te cubre por completo. Noto como mis manos se transforman en garras y me surge una cola peluda. No puede ser, el animal de la inquietud es un gato. Esto solo puede estar hecho para el "fan service". Menos mal que mi guía es una chica. Si llega a ser un chico me muero de vergüenza. Pero bueno, veamos que poderes me otorga.
Dispuesta a luchar miro fijamente al enorme árbol. El encapuchado ha desaparecido. Se debe de haber escondido en algún sitio. Me hace correr con mi nuevo traje y pegar mi primer golpe tras un salto. Esto va a ser divertido. Consigue que esquive una de sus ramas en el último momento. Arañazo, arañazo, patada. Y gancho de garra. Me apoyo en una mano y remolino de piernas, con la cola incluida. No sabía que podía hacer esto. Otra rama que esquivo. Me hace cargar un golpe y descubro que se forma una energía lila a mi alrededor, arañazo de energía que le destroza la cara. Empieza a gustarme este traje. Salto a una de sus ramas, voltereta hacia la otra, me impulso y de un puñetazo la destrozo. Ahora me siento llena de energía. Ha conseguido que pueda elevar la rama roza con mi mente. Pero no solo eso, toda roca a mi alrededor comienza a elevarse también. Telequinesis, la inquietud me gusta cada vez más. Dirige todo lo que flotaba hacia la cara del árbol. Cien puntos para Aby. Si sigo así podré derrotarle pronto. Más rocas flotantes. Salto de una en otra hasta sobrepasar al monstruo. Y caigo en picado con mi golpe de gracia. Esto está hecho. El ser arbóreo ruje de dolor y vuelve a ser como había sido siempre, un simple árbol.
Mi cuerpo absorbe la energía desprendida al derrotar al ser maligno. Podría decir que gracias a ella me siento más fuerte, como si hubiese superado mi potencial.
De entre las raíces surgen unas ramas que formar un corazón de madera y al tocarlo mi nombre se queda grabado en él. Me siento aliviada, es como si pudiese irme ahora y volver desde este punto cuando quisiera. Vuelve mi aspecto normal y escucho un susurro en mi mente.

Volveremos a encontrarnos.