jueves, 18 de septiembre de 2014

El secreto del bosque

Esta poesía está dedicada a mi hermana Laura por su decimosexto cumpleaños.

Si te paras a escuchar
en la verde espesura,
el bosque hará sonar
campanillas con ternura.

Son las risas melodiosas
de aquellas que se ocultan.
Vibra el aire cuando cantan
y sobre la hierva danzan.

De entre todas ellas, la princesa,
no bella sino hermosa.
Coronada con claveles
y vestida con pétalos de rosa.

Fundido en caramelo,
su cabello cae en cascada.
Sus labios no se mueven,
pues te habla su mirada.

Disminuyen los susurros.
La brisa se detiene.
El bosque entero queda en pausa,
cuando su vuelo alza,
la princesa de las hadas.

viernes, 25 de abril de 2014

El amor que da la vida

El amor que da la vida

Agua era una chica hermosa. De tez pálida y cabellos sedosos. Con una mirada tan intensa y serena como el mismísimo Cielo. Su sonrisa era tan encantadora que no existía hombre que no le amara. Conseguía incluso ocultar la belleza de la reina Sol y de la princesa Luna, daba igual lo mucho que intentasen brillar. Siempre portaba un elegante vestido blanco que resaltaba todo su cuerpo y dibujaba cada una de sus curvas.
Viento, el apuesto príncipe hijo de Sol y Cielo, también había quedado prendado por ella y no dudo un segundo en intentar cortejarla. Se acercó a ella un día y le susurró palabras dulces al oído. Le agarró de una mano y la hizo girar sobre sí misma. Hizo ondear cada hilo de su vestido y recorrió con sus dedos todo su cabello. Agua giraba y bailaba entre la brisa, se reía y se sonrojaba. Una mirada bastó para saber que se amaban. Y danzaron y flotaron, unidos como si fueran uno. Eran tan felices que desearon que el tiempo se parara, que no hubiera un mañana. Así, todos los días bailaban y cuanto más tiempo pasaba, más se amaban. Mas Viento era un ser inagotable de libertad, necesitaba viajar, conocer más allá de donde alcanzaba la vista. Se llevó a Agua consigo. “Observa esto, mira aquello”. Viento no paraba y a cada paso que daban más se fijaba en otra cosa y menos interés tenía en Agua. “Amor mío, ¿por qué no descansamos? Bailemos como antaño”. La pobre Agua no era escuchada.
La tristeza comenzó a inundarla, no sabía cuanto más podría aguantar. Pasaban los días y cada vez se sentía más olvidada. De esta forma fue como su tristeza se convirtió en su primera lágrima, en un llanto desconsolado. Su vestido blanco, al empaparse de sus lágrimas, se volvió gris y apagado. Y las gotas descendieron, más y más abajo. Tan abajo llegaron que la piel de Tierra tocaron. Tierra era un hombre sencillo y, aunque aparentaba ser duro, tenía un corazón cálido y amable. Miró hacia arriba y vio a la triste Agua en su desdicha. Ella sin saberlo también caía con sus lágrimas y Tierra consiguió cogerla para salvarla. “¿Por qué lloras?” Preguntó con delicadeza. “Porque mi corazón se ha quebrado en mil pedazos”. Tierra se apiadó tanto de ella en aquel momento que no pudo más que rodearla con sus fuertes brazos en un tierno abrazo. “No llores más por quien dice amarte y no busca tu mirada”. Ella por un instante consiguió mirarle a los ojos fijamente. “Eres un amor”. Pudo pronunciar antes de perderse en su mirada. Sintió como su corazón parecía pararse para comenzar de nuevo con un ritmo revoloteante. Sin recordar como había pasado sus labios se rozaron y su aliento les obligó a terminar el beso. La pasión correteó por su interior y, cayendo al suelo, terminaron rodando el uno sobre el otro. Risas ensordecedoras a cada giro, besos alocados si paraban. No solo eran uno, con sus latidos al unísono, sino que sus cuerpos parecían fusionados. Ella se recostó sobre él, esparciendo sus cabellos como océanos y recorriendo su cuerpo como ríos. Por fin era feliz sintiendo el cálido corazón de Tierra bajo su pecho, se sentía en paz y llena de dicha. Tierra por su parte, que en secreto siempre la había amado, creía soñar con los ojos abiertos. “No te sueltes de mis brazos”. Y al secarse el vestido de Agua, por la falta de las lágrimas, se había convertido en un intenso vestido azul, con el que arropó a Tierra todo lo que pudo.
Viento, lleno de ira y odio, intentó separarlos por todos los medios, más con cada movimiento solo consiguió que los dos se viesen más hermosos juntos. Aun así decidió no cesar en su lucha. Es por ello que revuelve el cabello de Tierra en forma de hojas, que hace que las olas agrieten las piedras o que intenta arrancar la piel a los desiertos. Incluso a veces deshace en pétalos de colores las flores que nacen de esta bella unión entre la hermosa Agua y el cálido Tierra, la bella unión que formó el amor que da la vida.

martes, 4 de marzo de 2014

Primavera

Esta poesía está dedicada a mi amiga Ale, ya que fue pensada como uno de los regalos del amigo invisible.

Primavera

Dedos de niebla que recogen
lágrimas nacidas en la brisa.
Rociadas de sueños y premisas,
las flores sus pétalos emergen.

Reboloteos que se desprenden
de mariposas encantadas.
Susurros que convergen
en canciones olvidadas.

Con su olor inconfundible,
los pétalos al viento,
nos envuelve con su manto,
y de forma incomprensible,
la primavera en su adelanto.

jueves, 8 de agosto de 2013

Vivir solo por las noches

Una suave brisa acaricia mi cuerpo, es una sensación agradable en estos días calurosos. Un escalofrío me estremece, sin embargo, no es por el frío, es debido a una sensación extraña.
Termino abriendo los ojos y observo que, como suponía, ya se había hecho de noche. Miro hacia la calle desde la ventana y decido salir a dar una vuelta, de todas formas esta sensación no me va a dejar dormir y se agradece una temperatura así para pasear.
Fuera, mis ojos se amoldan a la poca luz que hay, observando cada detalle escondido en la oscuridad. Y mientras voy caminando aparece esa sensación de nuevo, un escalofrío que eriza cada pelo de mi cuerpo. Es entonces cuando lo veo, reflejada en el espejo de un coche pasa una fugaz silueta pero, al girarme nada, la oscuridad absoluta. Quizá me lo haya imaginado, quizá solo esté un poco nervioso. Prosigo así mi camino no marcado, ligero y sin producir sonido alguno.
La luna consigue asomarse entre las oscuras nubes que la mantenían cautiva. Eso me relaja, si por mi fuera solo viviría por las noches.
De pronto un grito agudo llena mis oídos y, al levantar la vista, mis ojos se posan en el escaparate de una tienda. Sobre el cristal vuelve a estar reflejada aquella silueta, observando el cuerpo inerte de una muchacha tendido en el suelo. La sangre fluye desde su pecho y va tiñendo poco a poco su vestido blanco.
La angustia me atrapa por completo y cuando consigo girarme, seguro de ser el siguiente, solo observo la calle, vacía y silenciosa. No hay rastro de la figura ni del cuerpo.
Con el miedo aun dentro decido apresurarme a volver a casa. Y mientras avanzo lo más rápido que puedo, siento en mi costado el roce del revoloteo de un vestido blanco. La chica corre sin aliento, como si estuviera huyendo. Y mientras mi corazón se va encogiendo, aparece la figura de nuevo, persiguiéndola tan rápido que solo llego a observar una imagen fugaz con el rabillo del ojo. El reflejo carmesí en el afilado metal de su cuchillo. Pero aun no había ocurrido, tenía que hacer algo. Empecé a comprender que lo que anteriormente había visto a través de los reflejos no era más que el trágico futuro próximo de la pobre chica. Sé que va a matarla, solo es cuestión de tiempo pero, ¿qué puedo hacer? Maullo con todas mis fuerzas, intentando que la figura se gire, más nadie se para a escucharme. Ya es demasiado tarde, no podré evitarlo. Nadie hace caso de un simple gato negro que solo vive por las noches.

...

Quiero dejaros también, aparte de este extraño relato, lo que podría ser la sinopsis de una historia que quiero escribir: El silencio del olvido.

Cuenta la leyenda que los humanos necesitan del tacto de las musas para lograr la inspiración y así crear toda obra de arte. Y es gracias a los sueños olvidados por las personas, los sucesos que se evaporan al despertar, como nacen y se alimentan estos seres. Sin embargo, dar inspiración conlleva un precio, es por ello por lo que no es un bien infinito. Para utilizar su poder, las musas pierden parte de sus recuerdos y cuando los pierden todos las musas desaparecen y mueren.
Para sobrevivir velan por los sueños de sus humanos y los defienden de cualquier mal que quiera controlarlos.
¿Y los sentimientos? Sentir algo por un humano está prohibido en la ley de la sociedad de las musas, por ello lo normal, y recomendable, es que utilicen su poder olvidando recuerdos vividos con los humanos. Pero ¿y si te toca un humano que es imposible de olvidar?

domingo, 30 de junio de 2013

Velocidad

Me inunda el susurro de mi respiración. No logro escuchar nada más. Inspiro el aire sonoramente y lo vuelvo a soltar, lo mismo una y otra vez. Mientras, noto palpitar el corazón en mi pecho, como si deseara escaparse de la jaula que lo mantiene cautivo, queriendo llegar antes que mi cuerpo.
Me siento flotar, cada poro de mi cuerpo ansía llenarse de libertad. Solo necesito seguir corriendo, más y más rápido, seguir corriendo y fundirme con la velocidad. ¿Hacia dónde me dirijo? Ni yo mismo lo sé, solo quiero exponer al máximo a mi cuerpo, es mi principal necesidad. Es como si mi voz callada gritara en silencio, como si mi aliento quisiese envolverlo todo, ocupar cada rincón.
Mil imágenes fugaces cruzan mi mirada. Rostros desechos en niebla y paredes que nunca acaban.
Llueve a mi alrededor, mas no me importa mojarme. Cada lágrima del cielo roba una parte de mi y me purifica, libera mi energía para poder seguir corriendo.
Ya no dirijo mi cuerpo, es él el que me dirige a mi. No distingo ya suelo y cielo, todo fluye sin más. Salto charcos y esquivo sombras, es lo único que realizo de forma consciente.
Es entonces cuando lo vuelvo a escuchar. Aquella voz perdida en mi interior, un grito desgarrador, y mis ojos vuelven a llorar.

Sentimientos pasajeros

Otra vez me siento flotar, 
crepitar rozando el cielo. 
Sonrisas que se cuelan en mi rostro 
y suspiros gozosos de anhelo.
Mas solo fue un suspiro, 
un corazón a medio latir,
 un susurro en la lejanía 
y una sonrisa sin construir.

...

Querer llorarle al cielo,
calmarme en tu regazo,
sentir y apaciguar el miedo
de no besar tus labios.

Sangre y turbio lamento.
Oscuro resentimiento.
Despertarte malherido,
ser lo que has cometido.

sábado, 20 de abril de 2013

El ángel de la muerte

Antes comentar que el relato que a continuación expongo lo escribí para un amigo el día de su cumpleaños.

El ángel de la muere

Un escalofrío recorre mi cuerpo y abro los ojos. Otra me he quedado dormida en clase. Sin embargo, algo hay en el ambiente que no lo siento como siempre. Todo está en silencio y voy posando mi mirada en toda persona que hay a mi alrededor. ¿Por qué están tan quietos? Ni si quiera la profesora se mueve.
Solo un rostro se gira para mirarme, pero algo en él ha cambiado. Ese cabello desgreñado, esa mirada de chico inteligente y esos labios desgastados solo pueden pertenecerle a él. Ese chico que no sale de mi mente solo puede ser Mario. He oído que hoy era su cumpleaños, más pronunciar palabra alguna en su presencia no he podido. Y ahora que por fin me mira su rostro es melancólico. Descubro que es lo que no encajaba, va vestido con un elegante traje negro y yo juraría que antes no lo llevaba puesto.
De repente siento una mano en el hombro y me sobresalto. Cuando me giro a mirar mi asombro es mayor. Otro chico de mi clase me sonríe con ternura mientras me mira con tristeza. Es Dani, el amigo de Mario, pero este vestido todo de blanco. Cada vez entiendo menos. Me quedo pensativa y me doy cuenta de que lo estoy viendo todo desde una perspectiva a mayor altura de la normal. Es entonces cuando el miedo recorre cada punto de mi ser y decido mirar hacia abajo. Me da un vuelco al corazón. Lo que aquí observo es la más horrible de las imágenes. Sobre la mesa yace mi cuerpo, tendido sin aliento. Las lágrimas intentan brotar de golpe y comienzan a deslizarse por mi rostro. Esto no puede estar pasando.
Mario se me acerca despacio y me tiende la mano.
-Ve -oigo susurrar sobre mi oído-. Él cuidará de ti ahora.
Y estas palabras, aunque me entristecen, rasgan una leve sonrisa en mi boca. Aun estando muerta, la presencia de Mario me pone nerviosa. De este modo solo consigo verme como una idiota cuando le estrecho la mano.
Me siento en paz, su tacto me reconforta y solo consigo sonreír, porque aun habiendo vivido vacía, ahora me marcho plena.
-No tengas miedo, voy a permanecer a tu lado en todo momento -su voz sonaba casi melodiosa.
Me dejo guiar por él mientras me sonríe. ¿Alguna vez se habrá dado cuenta de lo que siento? No lo creo.
Sin darme cuenta me acerca a la intensa luz que brota al final de la estancia. Tentáculos luminosos y ondulaciones doradas que intentan abarcarlo todo. ¡Es tan hermosa!
Dejo que la luz me cubra, que me envuelva su abrazo. No paro de llorar mientras sonrío. Ahora que estoy tan cerca de él y es mi último momento.
-Lo siento -le resbalaban las palabras.
-No sientas lo pasado, alegrate del presente. Vive como quieras vivir y actúa cuando lo creas necesario. Y si deseas algo hazlo, de nada vale suspirar por lo que nunca tuviste el valor de realizar – terminé quebrando mi voz-. Pues yo me marcho suspirando, cobarde como siempre. Nunca dije lo que siento y me voy con ello dentro.
-Aun estás a tiempo.
Negué con la cabeza.
-Ya es tarde, no tiene sentido alguno. Pero lo que si espero es que mi error te sirva como ejemplo.
Sonreí por última vez y me dejé envolver por completo por el manto dorado de la luz eterna. Mas antes de partir descubrí una lágrima surgir en su rostro, acariciándolo, para terminar desapareciendo conmigo y con el tiempo.